Los correos se mueren. El envió de cartas físicas cae al ritmo del 7,5% al año, lo que significará que en una década ya serán insostenibles. Teniendo en cuenta que Correos España sostiene a 55.000 empleados y funcionarios está claro que debe de transformarse. Los sindicatos lo reconocen pero solo cosméticamente. Poco están dispuestos a hacer.
Más dispuestos están los propios empleados de correos.
Correos centra el reparto de cartas en la estructura antigua pero eficaz del cartero de barrio. El cartero de barrio es el último ejemplar de aquel funcionario de barrio que junto al cartero y el lechero británico representaba el policía urbano Bobby.
El cartero conoce el barrio, lo maneja y le permite desarrollar algunas de sus funciones esenciales para la colectividad, como es la entrega de efectos legales certificados, notificaciones y burofaxes a la perfección.
Sin embargo, y a pesar de que ha ido cada vez más ampliando su capacidad de reparto, el cartero todavía no puede realizar y sustituir las empresas de paquetería en el reparto de los efectos de comercio electrónico. A pesar de que su carrito ha ido evolucionando y llenándose cada vez de más efectos y por tanto, peso, necesita de dos grandes transformaciones. La primera de ellas es sindical: es la actitud, no la del cartero (que la tiene), sino la de los sindicatos que representan a los otros 35.000 empleados de correos de su transformación dentro de la maquinaria de reparto de correos telégrafos.
La segunda transformación es doble: los recursos físicos para desarrollar una labor de entrega de efectos de comercio electrónico cada vez más eficaz.
Los carros de los carteros ya van hasta arriba de mercancías, incluso haciéndosele difícil a algunos el reparto.
Quizá la utilización de carros eléctricos y una mayor capilaridad de sus puntos de abastecimiento lograsen un reparto que abarcase a efectos de mayor peso.
Además, una transferencia de empleados de oficinas al reparto combatida por los sindicatos como un sacrilegio permitiría un reparto de mañana y tarde como lo hubo antaño haciendo el reparto de correos tremendamente eficaz y capaz de absorber mayores cantidades de efectos del correo electrónico. Este es el gran reto de correos y del cartero del siglo XXI.